La Obediencia es Incómoda

Jan 28, 2017

La Obediencia es Incómoda, pero eso es Bueno
Por Tom Holladay

“Cuando (los sabios) ya se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» Así que se levantó cuando todavía era de noche, tomó al niño y a su madre, y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes.” Mateo 2:13-15a (NVI)

José y María tuvieron que dejar muchas cosas debido a su jornada de fe. Ellos dejaron todo lo que conocían cuando se dirigieron a Egipto. Y en un sentido, lo que estaban sacrificando fue su estado de confort en un nivel muy profundo.

A menudo no es cómodo confiar en Dios y seguir su plan, debido a que nos sentimos cómodos con las cosas equivocadas. Nos sentimos cómodos con nuestros pequeños hábitos y rituales, las cosas que nos detienen donde estamos en lugar de llevarnos a donde Dios quiere, para que crezcamos.

Si entregas tu salud a Dios, probablemente significará que debes renunciar a algunas de tus comidas favoritas. Si le entregas a Dios tus finanzas, probablemente eliminarás algunas cosas de tus gastos.

No es cómodo romper un hábito. Es incomodo enfrentar un miedo. Es incomodo ir a algún lugar en el que nunca has estado o perdonar a quienes te han herido. Pero crecer y cambiar siempre viene a través de hacer esas cosas incómodas, y eso es bueno.

Pero, si no tomamos esas decisiones, continuaremos aferrándonos a algo que nos hace sentir cómodos y terminaremos dándole la espalda a Dios, quién es la fuente del bienestar.

La Biblia dice, “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3 NVI). Nota: Consolación es sentirte cómodo, o tener bienestar.

Te invito, como nunca antes, a reconocer que Dios es Dios de todo bienestar. Y en esos momentos cuando quieres darle la espalda a ese viejo hábito, tu antigua manera de vivir te intentará retener, habla con Dios y dile: “Dios, dame tu consolación”.

Reflexiona sobre esto:

¿Cómo puedes demostrarle a Dios que quieres crecer más de lo que quieres estar cómodo?

¿Qué hábitos están evitando que seas obediente a Dios?

¿Cómo has visto que Dios trabaja en ti cuando eres obediente a hacer algo que te hace sentir incómodo al principio?

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